ÉBOLA CONTRA EL ÚLTIMO ABRAZO

mamabebeafrica

Tanto hemos pensado todos acerca de este asunto… tanto hemos hablado, leído, compartido, devorado información…

Sin embargo, aun con la buena noticia de ayer, de que la enfermera española ha superado el ébola, no dejo de hacerme preguntas acerca de la enfermedad. Preguntas que no tienen respuesta, que traspasan las fronteras, como el virus.

Lo que me resulta más difícil es que esta enfermedad priva de lo más necesario ante la muerte: el abrazo último, el calor del último beso, de la última caricia, el acompañamiento en los momentos previos.

 

El acompañamiento en el momento vital del nacimiento o de la muerte puede transformar completamente la experiencia.

Las mujeres que han vivido un parto gozoso, saben lo que significa un acompañamiento adecuado, sentirse protegida y acompañada por alguien que está a tu lado, sencillamente para que la mujer pueda vivir su propia experiencia, caminar su parto.

El nacimiento, el parto, la muerte, son experiencias que nadie puede realizar por otra persona, hemos de enfrentarlo, atravesarlo cada uno de nosotros. Y decidir cómo queremos vivirlo, en la medida de lo posible: ya que no podemos elegir el momento, acondicionar al menos las circunstancias: dónde y con quién compartir ese momento trascendente puede ayudar a encontrar un poco más de entereza, de tranquilidad.

En el nacimiento, el acompañante del bebé, es, obviamente, la madre. Por eso es tan importante mantener esa unidad, y no separar a ambos en un buen periodo de tiempo tras el nacimiento, porque esa unidad proporciona al bebé la seguridad de la llegada.

La muerte tiene mucho que ver con el nacimiento, como proceso biológico vital, como paso de un “lugar” a otro, como principio y fin de una etapa anterior. El miedo a lo desconocido, las creencias y las circunstancias condicionan definitivamente este trance tan duro y difícil como natural.

Y las condiciones para favorecer ese paso son las mismas también: intimidad, tranquilidad, calma, buen acompañamiento, seguridad.

 

El voraz sistema de contagio del ébola a través de las secreciones que entran en contacto, impide precisamente, que, el enfermo que está a punto de morir, la persona que se desangra literalmente, reciba un abrazo reconfortante, reciba una caricia en su mano, reciba el calor del acompañamiento piel con piel, que le ayude a enfrentarse a su muerte, a llegar al fin de su existencia desde la serenidad.

Cuán importante es esa caricia reconfortante para enfrentarse a la muerte. Cuánto más importante si el enfermo terminal es un niño, una niña.

Cuán importante es para una madre abrazar el cuerpo fallecido del hijo muerto, despedirse así para siempre. Ese último adiós puede condicionar el inicio del duelo de esos padres o abuelos.

 

Cuando una enfermedad tan mortal como el ébola se lleva por delante también la posibilidad de este acompañamiento, de esta despedida, arrojando a la absoluta soledad al enfermo en su lucha titánica entre la vida y la muerte, me pregunto si lo peor del ébola es la escasa tasa de supervivencia, o las condiciones en que están muriendo miles de personas en estos momentos, mientras desviamos la mirada desde nuestras atalayas de falsa seguridad ante el ébola.

La historia dramática del niño de 10 años, Saah Excho es precisamente la historia de la falta del abrazo: un niño que muere de ébola solo, en la calle, sin ser tocado ni asistido por nadie.

http://noticias.lainformacion.com/mundo/saah-exco-un-nino-con-ebola-se-convierte-en-la-cara-mas-inhumana-de-la-enfermedad_xQgbTbY8rNbf7fePIPm9m7/
“Se llamaba Saah Exco y tenía 10 años. En agosto apareció enfermo en una playa de Monrovia, desnudo, abandonado después de salir o escapar de un moridero de ébola en el que dejaron de abrazarle una madre y un hermano. La muchedumbre lo sentó sin ponerle una mano encima en un cubo verde vuelto en mitad de la calle con las manos entre los muslos y le echaron a los pies cuatro ropajes que se puso él mismo con la mirada arrasada de asombro. No sé si llegó a comprender algo. Espero que no. Supimos de él porque David Gilkey le hizo unas fotos. Después, se resguardó en un rincón y allí sobre la arena y una caja de cartón plegada, se echó a morir. En dos meses, nadie ha osado tocarle por miedo al virus del ébola.”

(Francisco Apaolaza)

Mientras nos ocupamos de saber cómo combatir el ébola desde gobiernos, hospitales y como sociedad, invito a todas las madres y padres a abrazar cada día más a nuestros hijos e hijas, para que el abrazo nunca falte, para que no se nos olvide nunca la importancia del abrazo, para que con cada uno de nuestros cientos de abrazos, se pueda paliar el dolor de los corazones a los que no les es permitido ese abrazo final.

 

Marta Parra

 

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Soy Marta Parra, madre de tres hijos, arquitecta y activista de los buenos partos. Soy socia de El Parto es Nuestro, para hacer crecer la red de mujeres que demandan una atención al embarazo, parto, posparto y lactancia respetuosa y cuidada, más nacimientos sin violencia. Desde mi lado profesional, comparto estudio con Juan Manuel Herranz, (marido y socio) en Virai Arquitectos y con Angela Müller el estudio Arquitectura de Maternidades, especializado en mejorar los espacios hospitalarios relacionados con los partos, para crear ambientes agradables, amables, deshospitalizados, en los que nos sintamos seguras para dar la bienvenida a nuestros bebés.

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1 Comentario

  1. Avatar de Agnieszka Stepien

    Agnieszka Stepien - 24 octubre, 2014, 16:14 Responde a este comentario

    Emocionante entrada, Marta. Me ha servido de, otra vez más, conectar con el poder del cariño ( o poder de su falta).

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